El naufragio de John.

Lo que pudo ser…

Escribir sobre las personas que, en algún momento, han marcado nuestras vidas es también una forma de homenaje a nuestro yo anterior.

El corazón se va llenando de otras miradas, sensaciones y aprendizajes, como el agua dulce que se abre paso hacia las rías.

Amanecer en un mar infinito que confunde entre sus olas la vida y la muerte.

Aquella quietud que un día imaginó como su futuro era solo un intermedio entre tempestades, una nueva lucha disfrazada de esperanza.

Recuerdo el brillo de un atardecer, sentada como una princesa y rodeada de delfines que nadaban a nuestro alrededor. La escena culminó con un brindis, una copa de vino y fuegos artificiales iluminando un cielo que poco a poco se tornaba oscuro.

El ocaso desembocó en una enorme tormenta. El agua saltaba por la borda mientras John sujetaba con fuerza el timón.

Aquella noche se hizo interminable. El sudor y el miedo habitaban cada poro de mi piel, pero entre la furia de aquel mar enfurecido también sobrevivían la esperanza y la resignación.

Un hombre curtido en el mar, con toda su experiencia reflejada intensamente en sus pupilas, luchó por salvarme y ponerme a salvo en tierra firme.

En sus manos parecía concentrarse toda la seguridad del mundo mientras se enfrentaba a la fuerza de su enemigo.

Unos años más tarde recibí la trágica noticia: aquel hombre había sido vencido una noche de luna llena.

Su barco fue encontrado sumergido, con John ataviado como un lord inglés.

Un escalofrío recorrió mi espalda, pero las lágrimas no pudieron brotar de mis ojos. Él no lo hubiese querido. Solo pude esbozar una sonrisa de agradecimiento por haber tenido la suerte de coincidir con él en una etapa de nuestras vidas.

Ahora habita para siempre entre las templadas aguas de su adorado archipiélago de Malta. Su mirada sincera y honesta sigue viva en los corazones de quienes tuvimos la fortuna de recibirla.

A veces, en las noches estrelladas, sin poder evitarlo, mi mirada se detiene en una de las estrellas más brillantes. Entonces siento un susurro en el oído que me devuelve las fuerzas y la ilusión para seguir caminando hacia ese lugar donde pueda descubrir todo lo que soy capaz de ser.

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